MAPAS

Lo mejor de un viaje, casi siempre, es la preparación del mismo; ese momento en el que abres la imaginación y los mil y un pájaros que se esconden en tu alma comienzan a volar a esos remotos lugares que, unas veces con extraños nombres, otras veces con denominación más familiar, aparecen escritos en los mapas que desplegamos como quien despliega un sueño para transportarse a ciudades legendarias, a bazares de cuento, a lagos entre montañas cubiertas por los glaciares del Himalaya o alguna pequeña aldea del África más salvaje; y viajar por ellos no como realmente son, sino como uno, en realidad, quisiera que fuesen.

No soy una persona que prepare demasiado sus viajes desde el punto de vista de la logística, con un planning diario y estructurado que me lleve hoy aquí y mañana allá; intento dejar que las sensaciones elijan el camino a seguir, que las corazonadas sean las amas y señoras de la ruta, que los personajes que se crucen en el camino orienten el mío a la par que continúan por el suyo.

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Buscando senderos en Nouadhibou, Mauritania.

Eso sí, nunca falta un buen mapa en el escritorio o un libro que narre las aventuras de otros que fueron antes que uno; mapa que casi a diario abro y exploro, mapa en el que sumergirme y bucear con la capacidad de respirar sus carreteras, sus pueblos, sus curvas de nivel, sus distancias kilómetricas entre mundos marcianos que comparten geografías con nuestro imaginario. Al final se cambian mil veces los planes, se pulen las regiones que recorrer, se da algo de coherencia a esta locura crónica viajera porque, pese a que antes dijera que no llevo una ruta fija y que dejo que el camino se elija a sí mismo, sí que esbozo una idea de viaje, algunos puntos de obligado tránsito y la búsqueda de cierta lógica en el devenir de mis pasos.

“La Mitad Del Romanticismo De Un Viaje No Es Más Que La Espera De Una Aventura

Herman Hesse

Y aunque siempre es más agradable el papel que la pantalla, mapas en papel que aún conservan los antiguos aromas de la exploración, existen ciertas herramientas informáticas en este siglo XXI que utilizo de buen grado como apoyo cartográfico.

Más allá del maravilloso Google Maps, (algo que hace solo veinte años era inimaginable), en donde puedes ver al vecino del quinto paseando al perro por el parque que hay detrás de tu casa y que ofrece, aunque todavía haya que mejorarlo un poco, un planificador de rutas en bicicleta bastante agradecido; también me dejo caer de vez en cuando por Bikemap, con el cual puedes visualizar los perfiles de las carreteras, caminos y senderos por los que ciclar y que tiene una aplicación para el teléfono móvil en la cual puedes encontrar rutas creadas por otros ciclistas con los datos correspondientes a las mismas. Existen algunas otras como Bike Route Toaster, pero grafícamente son menos intuitivas y visuales que las anteriores.

En cualquier caso el mayor placer de viajar no es el viaje en sí, sino la preparación del mismo y las mil y una noches previas soñando con ese mundo que aún queda por explorar y ,si es con un mapa lustroso y lustrado de papel rancio y alguna que otra esquina rota, mejor que mejor.

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Decidiendo entre Norte Sur en algún lugar de los Dolomitas, Italia.
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