Buscando a Batad (Filipinas II)

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Pocos lugares en los que pegarse un baño...uno de ellos

De la Isla de Negros, sumida en una sequía que dura meses y que hace peligrar sus cultivos de caña de azúcar (es la mayor productora de Filipinas y una de las mayores del mundo), salto a Bohol desde el puerto de Dumaguete; el paisaje se torna más verde y selvático, menos llano, más turístico, mismo sofocante calor.
Bohol es una isla más manejable, circular con un diámetro de unos 120 km, carreteras rozando el mar, algún que otro baño en playas de coral, sandías en los arcenes, bosques, sombra, sierra. La comida mejora en cuanto a variedad, en Filipinas, pese a ser un paraíso tropical, cuesta encontrar algo más allá del arroz con cerdo.
La isla me gusta, tiene aquello que uno siempre busca y añora en estas latitudes, cuatro días entre verdes y azules, entre selvas y mares; algo de buceo y el placer que siempre produce el nadar entre tortugas, Balicasag y sus arrecifes.

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Carreteras de Bohol entre junglas y sierras
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Nadando entre tortugas en el islote de Balicasag

De ahí a donde me lleven los vientos o, mejor dicho, los barcos. En este caso el destino es, en primer lugar, Cebú, y aquí, dos posibles planes: si es viable Cebú – Manila y Manila – Palawan a perderme en la isla de la que todo viajero o turista habla “si es posible vete a Palawan”,”no te pierdas Palawan”… destino de primera, pero no, no es posible. Así que al ver todos los ferries dirección Manila llenos en los siguientes dos días, y sin intención de quedarme en Cebú, la que es la primera población que fundaron los españoles por acá en 15…, y el lugar en el que los Lapu Lapu pasaron a Magallanes por el cuchillo en su circunnavegación del globo terráqueo, decido preguntar por ferries hacia cualquier lugar que no sea hacia el Sur, pues he de ir regresando pasito a pasito, pedalada a pedalada, hacia Manila.

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Calles de Cebú
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Calbayog?? entre Palencia y Málaga, claro.
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Ferry camino de Calbayog, economy class

-There’s one ferry to Cabalyog this evening – me dicen.
¿Dónde diablos está Cabalyog?, Isla de Samar, parte Norte de la misma, a 30 Km de una aldea llamada Palencia; los vientos del destino me están enviando sus señales, y yo, que últimamente creo bastante en este tipo de brisas, me dejo mecer por ellas.
Viaje nocturno, segunda clase economy, grandes camarotes en los que se apiñan más de 200 literas por cada uno de ellos, carne de telediario y una humanidad y un asfixiante calor que hacen que, sin mucho que pensar, extienda mi aislante en cubierta y pase la noche bajo un precioso y singular manto de estrellas que en estas latitudes ya dejan entrever algunas de las constelaciones del hemisferio Sur, y es que no navego demasiado lejos del ecuador.

Samar Norte. Calor, mucho calor, sofocante calor. Inmensos bosques de palmeras allá hasta donde alcanza la vista. Arroz con cerdo para desayunar, arroz con cerdo para comer, y cerdo con arroz para cenar; poca variedad gastronómica por estas tierras. Monótona cocina. Turismo cero. Pocas playas, pocos lugares en los que metersem refrescante remojón. Paisaje hipnotizante, a la izquierda el mar, islas y volcanes en su horizonte, a la derecha laderas cubiertas de palmeras. Cuesta arriba, abajo, arriba y sin dejar de sudar ni un instante recorro la parte norte de la isla; Palencia ya queda al Sur, Málaga, Viriato…nombres familiares para aldeas extrañas pero amigables. Un territorio al que alguna vez regresar en Diciembre, Enero, Febrero…cuando las temperaturas suavicen. Palmeras, muchas palmeras. Un lugar llamado Buena Suerte, la que siempre me acompaña cuando viajo.

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Palmerales en Samar Norte en lo que podría ser el Palencia filipino
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Azul y verde en Samar
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Pocos lugares en los que pegarse un baño...uno de ellos
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Siempre detrás de ella

De nuevo un ferry, quizás el último, tal vez no. De Samar a Luzón, la gran isla en la que se encuentra Manila, un estrecho de mar, tan solo un par de horas. Atiborrado hasta la bandera, otro que puede ser carne de noticiario; aún me sorprende cómo pueden flotar estos trastos.
La navegación es plácida entre horizontes de volcanes al Norte, Oeste y Sur, hacia el Este el Pacífico, sólo el Pacífico que, en algún lugar de centroamérica volverá a toparse con tierra firme. La Fosa de las Marianas, el lugar más profundo de la Tierra a 11.000 mts bajo el océano, está en aquella dirección, a solo unas decenas de kilómetros del lugar en el que estamos.

Llego a Matnog con hambre, un antro portuario, pueblo de tránsito, un salvaje Oeste a la filipina style. Lo primero comprar un par de huevos cocidos que acabo compartiendo con uno de esos miles o millones de chicos hambrientos que andan mendigando unos pesos aquí y allá (por cierto, tienen pesos porque este país en su día pertenecía a la provincia española de México); yo nunca doy dinero, es una de las normas que me autoimpongo cuando viajo a estos lugares, pero si tengo comida en la mano la comparto.
Así empieza mi periplo a través de la Isla de Luzón, ciclando hacia Sorsogón, de noche y anocheciendo, la oscuridad no es buena compañera para encontrar un lugar en el que dormir, y gracias a las indicaciones de los conductores de los triciclos (motos con sidecar) que hacen aquí las funciones de Taxi, termino en mitad del mercado de carne alojándome en un hotelucho con aires de puticlub.

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En el ferry hacia Luzón la gente lanza monedas a los niños que nadan en el muelle
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Calles de filipinas, un infierno de tráfico.

En Luzón disfrutaré de nuevo ciclando entre junglas y, sobretodo, me llevaré el recuerdo visual del Volcán Mayón (2700mts) en el horizonte, del que dicen es el volcán de volcanes, formas perfectas y con una erupción cada 15 años, esbelto, señorial, y dominando la Bahía de Legazpi, en donde pasearé por las calles, en donde me invitarán a cenar en un puesto callejero de pinchos de carne de cerdo, iCómo no!, en donde observaré el fervor religioso de los filipinos mezclando cristianismo y el antiguo animismo de estos parajes, y en donde decidiré abandonar las tierras bajas y agarrar el primer autobús camino de Manila para, desde allí, pedalear a las montañas del Norte, en donde ahora me encuentro, y escapar del asfixiante calor que hasta ahora me ha acompañado.
(Continuará)

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El Volcán Mayón presidiendo el horizonte
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