ESPERANDO al SOL NACIENTE (Japón en Bici, mes de lluvias) I

He aterrizado en Japón como quien fuera en representación de la Tierra a un planeta alienígena civilizado; a estas alturas dudo mucho de que mi sueño infantil de llegar a ser astronauta vaya a hacerse realidad, mucho menos de volar a Marte, por lo que he venido a Japón durante 3 meses en bici.
La idea es simple: ir del cabo más meridional al más septentrional, del cabo Sata en el Sur, al cabo Soya en el Norte. Sencillo. Se complica un poco teniendo en cuenta que el avión me ha dejado en Osaka, a mitad de trayecto, y en pleno mes de lluvias, lo que aquí llaman Túju, por lo que ahora estoy en el tercer día de pedaleo camino de ese simbólico punto de inicio en el Sur más Sur de este hermoso pais.
Hoy va a ser mi tercera noche en estas tierras, la segunda durmiendo en un templo y, hasta ahora, las sensaciones no han podido ser mejores.
Llegué a Marte un sábado 4 de Junio al amanecer, al aeropuerto Kinsei de Osaka. Dichoe aeropuerto se encuentra en una isla a unos 40 km al sur de Osaka, la única manera de escapar de allí es o a través de una autopista de pago-prohibido-bicicletas o en tren, apenas una parada de metro para tocar tierra firme. En cualquier otro lugar del planeta podrías subir tu bici a un tren que va medio vacío, aquí no, aquí las cosas a la japonesa; aquí no si ya has montado tu bici, has tirado la caja, y lo único que quieres es comenzar a moverte por el pais. Primer problema. Los japoneses son cuadriculados, esto se lo he oído decir a un suizo, gente que fabrica relojes, así que cuando un suizo te dice que un japonés es cuadriculado, tiembla. Por lo que a intentar razonar aunque lo mejor sea darse unos cabezazos contra la pared, yo no tengo caja y he de salir del aeropuerto en tren, él que sin caja no subo al tren, yo que si quiere su señoría que me quede a vivir en el aeropuerto, él que empieza a cortocircuitarse, yo que si el tren va vacío que por qué no, él que llama a otro…en fin, que al final lo arreglamos envolviendo la bici con alforjas y todo en plástico para bocadillos. Dos horas para diez minutos de tren, aupa Patxi.

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Diez minutos después ya estoy en un lugar llamado Rinku y decido ir hacia el sur, a Wakayama, unos 50 km, desde donde sale un ferry que conecta las islas de Honshu y Shikoku (Japón tiene 4 islas principales: Honshu, la más grande y en donde se encuentran Tokyo, Osaka y Kyoto, además de Fukushima; Hokkaido al Norte del todo, en donde Paco Fernández Ochoa ganó la famosa medalla en esquí en Sapporo; y Kyushu y Shikoku al Sur, ésta última una de las áreas más rurales y salvajes de Japón).

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Mapa Oficial de Carreteras de Japon

Primer día de aclimatación, de aprender cómo funcionan los supermercados, qué se come, qué no, qué parece familiar pero sabe a rayos, cómo se indican las carreteras, cómo son las monedas, dónde puedo plantar la tienda y dónde no; y vamos, que no me entero de nada. Esto es Marte.

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Algo que sí voy intuyendo es que siempre están dispuestos a ayudar, se desviven si necesitas algo, y son hospitalarios, o a mí me lo parece. Hoy, ya cuarto día, dieciocho horas ininterrumpidas de chaparrón, tercer día de Tsúyú, mes de lluvias, empapado hasta el alma después de 25 km bajo el agua, con más hambre que Gandhi he parado ante la primera tienducha con la que me he topado para comprar algo que comer, una tienda pequeña, de aldea, con galletas, refrescos y poco más; la tendera, al verme, me ha sacado un plato de arroz con estofado de carne y setas y dos toallas, muy agradecido siempre de estos momentos en los que te hacen volver a creer en los seres humanos. También me han invitado a cenar en casa japonesa, pocos muebles, sin sillas y solo una mesa baja de quita y pon en el centro, sencillo y útil. Noodles gruesos con carne, setas y verduras a la plancha, aderezado con salsa de soja y harina de pescado mientras se freía en el centro de la mesa, del fuego al plato, y del plato al estómago. Acompañando unos rollitos de pescado y pepino y, cómo no: sake, de arroz y de patata dulce. A dormir a gusto en una especie de sotechado en el que los mayores lo mismo se juntan a jugar al crocket como a hacer una merendola después de un día difícil de chupar agua. Japón es agradecido con el ciclista, se puede montar la tienda de campaña en cualquier lugar, que nadie mira con desconfianza, todo lo contrario. Desmontando el mito de que los japoneses son ariscos y esquivos, ¿quién lo construiría?…

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Y así llego a hoy otra vez, día 5, de nuevo escribiendo en la tienda, de nuevo durmiendo junto a un precioso templo sintoista cerca de Kami; y si ayer se caía el cielo, los 60 Km de hoy han sido de disfrute total entre valles, lagos de aguas cristalinas, y montañas enmoquetadas por bosques de un verde impenetrable.
Para llegar aquí he dormido a los pies de un castillo en Wakayama, dentro de un templo sintoísta abandonado en Kamiyama y en uno sin abandonar cerca de Kisawa, he rodado al ritmo que la lluvia me ha permitido a través de bosques y montañas como pocos he contemplado en el mundo, ríos de aguas transparentes con cascadas de ensueño entre pueblos de cuento.
Sigo disfrutando, sigo escuchando el viento y el viento me sigue marcando el camino correcto.

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Temporada de lluvias: Parrillada de calcetines mojados
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Japón de un verde inmenso
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¿Japón sin robots gigantes?, eso es Korea
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Siempre hay un templo en el que plantar la tienda
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